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jueves, 4 de septiembre de 2008

Cursar a las 7 libera sensaciones

Se levantó y salio de su casa antes de que siquiera se aclarara el cielo. A esa hora se movía en piloto automático, dejando toda la energía circulante para ser usada en su cerebro. Esperar en la parada, pagar, subir, bajar, caminar, esperar, subir, pagar, todo inconsciente, más inconsciente que rascarse la cabeza, más que dilatar los alveolos. La única actividad del cuerpo es que podía centrar atención era en encontrar un lugar, gran parte de su cerebro estaba avocada a eso, hallar un asiento, cueste lo que cueste. Una vez sentada podría apagar el cuerpo por completo, dejarlo dejarse descansar contra la silla y hundirse en su mente.
Por suerte lo logró con rapidez, ya había adquirido gran maestría en la cuestión, pero una vez posada de lleno en el asiento se sorprendió de lo mucho que podía sentir su cuerpo, sus manos y el peso de los anillos, sus pies en contacto con las botas, el pecho subiendo y bajando bajo la remera. Sentía la presencia del pelo muerto sobre el cuero cabelludo, cada forma, cada hendidura, el largo de sus uñas, sentía sus propias bolsas debajo de los ojos, la boca pastosa por la madrugada, los dientes lisos, la garganta seca. Sentía tanto que llegó a pensar que era la mente la que era ajena a todo. Sentía en especial los ojos, y todo lo que tenía contacto con ellos. Veía todo, captaba todo, cada movimiento imperceptible del resto de la gente, la ciudad moviéndole por la ventana, las carteras y portafolios bronceándose por todos lados. Comenzaba a alarmarse cuando se regularizó la situación. Comenzó con los pies, las rodillas, pero no de abajo hacia arriba. Dejó de sentir gradualmente con todo el cuerpo, como si se apagara la hipersensibilidad en la que estaba sumida. Respirar ya no fue una actividad mental, mucho menos pestañear.
Pero, como era de esperarse, se pasó al otro extremo, y no tardó en dejar de sentir que estaba sentada, vestida, que estaba en un colectivo en movimiento. Su mente tomó total control de todo y lo último que sintió fue su nervio óptico y sus ojos fijos en la ventana, observando el camino, mirando hacia afuera, que ya estaba por aclarar.
Al final, solo atinó a preguntarse:
-¿A donde voy?
No se, pero tu cuerpo ya se levantó para bajarse del vehículo y tu vista sigue fija en la ventana.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Sol

Se levantó y dejó la casa con el Sol ya en medio del cielo, mirando. Caminó todo lo rápido que pudo, primero ligero y luego fue alivianando el paso, no por comodidad, mucho menos por relajación, era el Sol ahí arriva lo que le frenaba los pies con cada paso, como pesas en los pies. Ya avanzadas la cuadras, le ardía la piel como si estuviesen clavandole algo, debajo de la ropa, debajo de la dermis. Antes de darse cuenta, ya se había detenido. Estaba frente al parque y el Sol la agredía de frente como sie stuviese debajo del mismisimo agujero de la capa de ozono. La escupía con fuerza, para aplastarla contra el piso de cemento, a toda costa contra el material caliente, hirviendo como lava, como un pedazo Sol. Logró desviarse al pasto, pero aun así cayó de espaldas y quedó de frente a él, tan imponente, inevadible. Lo único que quedó fue mirarlo, caliente y asesino, verlo hasta reventar en el pasto, su luz que al fin llenó todo hasta sus poros y su cuerpo cambio de un momento a otro de material.

lunes, 7 de enero de 2008

Quiosco bon o bon

Abrió la puerta del quiosco, blanca era la puerta, y con campanita.
Había otra chica ahí parada, así que esperó un rato entre tantos, taantos caramelos...
Apareció un chico con un Hola! gigantesco pero tímido, que la miraba con los ojos bien abiertos.
!hola, si quiero un..." ¿un qué? tanta variedad, había tanto para elegir que pensaba y pensaba, mirando los papelitos de colores.
"Tengo que elegir ya" pensó, pero con pensarlo no bastaba, había que hacerlo.
Pensó que su cerebro ya resolvería algo, pero el cerebro no estaba eligiendo nada de nada.
La mente en blanco, estaba pasando el tiempo.
Nada.
Elegí algo! no es tan difícil, pensá!
"eh... dame un..." y es allí cuando llega lo que elige siempre: "dame un alfajor bon o bon triple".
Estaba rico, por supuesto, pero tenía ese nosequé de la comida rutinaria.
Igual, cansado el cerebro, los alfajores, aunque rutinarios, son ricos.

Artificial

Estaba tirada en la cama boca arriva, escuchando nada más que el sonido que hacía el tubo fluorescente de luz. Sentía el contacto con las sábanas, su propia ropa tocándole la piel y el brillo agresivo de la luz blanca en sus ojos. Y tan inmersa estaba meditando con luz artificial en plena primavera que ni sintió cuando una bola de metal llena de pinches calló sobre su cabeza. Totalmente hilarante pensaron todos menos ella, porque no tuvo tiempo ni de pensarlo.

Leon

Se fue a secar el pelo al baño y escuchó lo que parecía ser el rugido de un león. Pensó que debía ser el agua llenando la bañera y siguió secándose, pero cuando se acercó vio que efectivamente era un león que la miraba un poco indignado.
Por algunos segundo pensó en qué grosera estaba siendo al interrumpir así un baño, pero después se acordó de que era su baño.
Y de patitas a la calle.

Camioneta

Asiento. Papá enciende la camioneta. Vista fija, se subió a la camioneta y se quedó inmóvil, el cuello doblado y la vista fija en un lugar perdido. Padre encendió entonces la camioneta y se estremeció por la fuerza del motor, motor tractor de la camioneta tractor. La mente estaba fija pero la mente vagaba, pasado mañana...
Padre apretó en embriague y puso reversa. El motor hacía ruido, tuc-tuc-tuc-tuc-tuc y el ruido no la dejaba pensar, y eso era bueno y era malo.
Papá pisó el acelerador y retrocedió lentamente. Era bueno tirando a malo. No podía pensar, no podía cambiar la vista o escuchar, no podía nada.
Pasaron por la tranquera y padre comenzó a doblar. Era malo. El ruido la desquisiaba ya, tuc-tuc-tuc-tuc-tuc. Era insoportable, insufrible, le perforaba el tímpano y hasta le afectaba el equilibrio, no podía más.
Padre frenó y puso primera, ya habían salido. El ruido llegaba a los ojos, ya no podía pensar ni en pensar. No paraba
Tuc-tuc
tuc
tuc
tuccc
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Platos playos

Que odio, lavar los platos. Todas esas texturas viscosas que casi siempre tenés que tocar con los dedos, y esos líquidos oleaginosos que se quedan en la ropa, todo junto se concentra en la esponja formando una espuma blancamarrón que sólo se aleja con el agua hirviendo que te quema la piel. Y todo eso por ser la oveja negra de la familia, las torres de platos se acumulan, la pileta se tapa y los fluidos comienzan a infestar los antebrazos.
Y afuera está nublado, como para acompañar al mal humor en ese día en el que justo comieron pollo y su hermano le agregó mayonesa, ¡Mayonesa!.
Los platos viscosos la incitaban a pensar, pensar cosas que no quería pero no podía reprimir, pensar pensamientos laberínticos que se enroscaban en si mismos y se enredaban, como las cadenitas con pequeños eslabones que son tan difíciles de desenredar.
Y mientras pensaba el agua marrónviscosa le llegaba a los codos y los platos llegaban hasta el techo, todo mezclado con pensamientos enroscados e imágenes en cuadro que chocaban contra las cosas.
Estaba metida hasta los hombros en la pileta y los platos se enroscaban con pensamientos viscosos, las imágenes seguían en cuadro sólo que más grandes, hasta que una chocó contra los platos y todo, todo se vino abajo, viscosidad, aceite, laberintos, cuadros, aguaespuma y día nublado, que no es poca cosa si se lo tiene sobre los hombros. Y así se formó una masa de mayonesa, aceite, agua, platos, pelos, sangre y tripas revueltos, y así nunca más la mandaron a lavar nada, no sólo por haber muerto sino también porque la cocina había quedado desastrosa.
Asco.

Aros y algo más

Entré a un negocio a comprar aritos, por esa obsesión mía con los aritos. Tardé un siglo en elegir un buen par, bien colorido y recargado, y cuando fui a pagar la chica me miró y en seguida agarró el teléfono. No es sorprendente leer que esto me pasó miles de veces, pero si es extraño descubrir que la chica golpeaba mientras tanto una hoja con su lapicera, huna hoja que estaba apollada en el mostrador, y lo hacía con una fuerza considerable.
Tan considerable era la fuerza que la hoja se comenzó a partir, y con ella el mostrador, el piso, la tierra y el mundo, haciendo un agujero negro que duró hasta que los aros y yo fuimos absorvidos y desmenuzados. El agujero se hizo una gran espiral tecnicolor que flotaba, giraba y saltaba por el universo, y nosotros, o nuestros pedazos, todavía seguimos adentro.

Pataperrear

-Lucía, ¡Andás todo el día pataperreando por ahí!
Hizo como que no escuchaba y siguió caminando. Cerró la puerta y empezó el pataperreo. Miró las hojas que caían, buscó cosas nuevas en las calles que había caminado miles de veces, compró cosas que no necesitaba, espejitos de colores, chuflines y esas cosas. Encontró un amigo con el cual reirse de la palabra pataperrear, un verbum vervi bastante interesante, como si estuviera andando por ahí con patas de perro, o las anduviera cosechando como si fueran papas.
Charlaron y charlaron, como si quisieran contarse todas sus vidas en esos pocos minutos que duraría ese tercer encuentro. La gente, hasta los amigos, suele hablar rápido cuando intenta conocerse, como si intentara pasar esa etapa lo antes posible, para pasar a hablar lento de cosas sin tiempo. La gente digo, pero sólo es la gente como ellos, porqu personas como ellos hay pocas en el mundo.
Se fue a seguir pataperreando y cantando mentalmente una canción de publicidad.
Caminó y pataperreó sorprendiéndose de las cosas menos sorprendentes, levantando cosas del camino y rayando las paredes con ramitas.
Apareció un caramelo en el camino, uno bien envuelto, y lo levantó con la boca. Se fue caminando feliz con sus cuatro patas para su casa, proque ahora si estaba cansada de pataperrear.

martes, 30 de octubre de 2007

pañuelo


Salieron charlando del salón hacia el playón donde los chicos jugaban futbol tennis y les pegó un sol para el que no estaban preparadas. Que hermoso era cuando en pleno otoño encontraba un sol que llegaba a todas las cosas. Eso le agregó una gran porción de alegría a la contrariedad que venía sintiendo desde hacía un rato. La verdad es que hacía un rato que estaba buscando desesperada alguna buena forma de salir del pozo y entretanto descubrió que su pañuelo-bufanda era tan grande como un mantel. Le parecía gracioso ser tan despistada y se reía y reía y no paraba paraba, y a veces era lindo pero otras asustaba y para los demás ya no era especial sino loca.
Después salieron y ese sol llenasonrisas le pegó en la cara y ahí se dio cuenta de lo feliz que podía ser. Sus amigos estaban ahí, bajo un cielo celeste de primavera y una luz amarilla de verano con ojas amarillasmarrones de otoño y cosas ttansparentes de invierno.
Estaba feliz y contenta y comenzó a hablar y se sacó el pañuelo-bufanda, y con él comenzó a girar y girar y nadie la miraba, pero los pañuelos y los amigos, y las estaciones de Vivakdi y hasta el recreo se habían confabulado para que fuera feliz. Giraba y no le importaba nada, y los chicos no jugaban al fubol tennis en el playón y así podía girar para todos lados.
Lentamente se tropezaba y caia envuelta en su pañuelo celeste con rayas negras de invierno, y su cabeza dio contra el cemento gris y lo tiñó de rojo, junto con sus dientes y sus ojos y los agujeritos de sus orejas, y los dedos y las uñas de los pies.
Y había sido tan feliz con tan poco que no interesaba que por caerse y morirse se hubiera perdido de algo tan complejo y fascinante como ver las curvas de los árboles con sus amigos, mientras el profesor de historia llegaba tarde por haberse quedado dormido.
Pero a ellos la felicidad no les salía de los ojos y las orejas y las uñas de los pies, y los árboles y la historia y la vida y la casa estaban en orden todos. Paz

viernes, 28 de septiembre de 2007

cumpleaños de mamá


Pareces un cuadro le decian, ahí sentada con tu bufanda londinense, tu remera a rayas y tus bermudas negras en otoño, rematando con zapatos de bailarina casi tan plateados como la luz que te ilumina de arriba.
Parecés un cuadro le decían pero ella no escuchaba porque comía pan y aprendía a usar los palitos chinos pensando quien sabe que cosa sobre los que viven en japón.
La gente charlaba y gritaba con la boca llena, muy llena de pan pero ella segía con su inspección china y su look de renoir del siglo XX.
Lo único real que observaba era a la moza, maltratada por la gente. Trajo el sushi de todos y los sorrentinos suyos de ella que quería comer a toda costa con sus palitos chinos, y lo hizo.
Charlaban de la puerta del sol y pensaba cómo sería comer churros con palitos. Globalización. Y le pedían más gengibre y más pan y más vino y más todo y ella veía en los ojos de la moza un fulgor rojizo de muerte y destrucción, morir y matar.
Y pedían y pedían cada vez más comida y más cosas y la moza les traía más y más , y se formaban unas pilas mortales de sushi y palitos. Y la pila crecía y ella seguía comiendo sus zorrentinos con palitos hasta que la moza trajo un escarbadientes y toda, toda la pila de sushi se le cayó encima y se volvió otro animal muerto, pero de los que comen zorrentinos.
Y su familia y amigos no fueron más a ese lugar porque era muy caro y ya no tenían más ese cuadro tan curioso