miércoles, 13 de febrero de 2008

El túnel de Ernesto Sábato

Mientras escribo esta reseña pienso en Sábato, destruyendo sus obras y en Castel, destruyendo a María.
El túnel es la novela del argentino Ernesto Sábato, nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires, en el año 1911. Se recibió de doctor en Física a la temprana edad de 27 años, siendo altamente reconocido en Europa y Estados Unidos. A partir de 1943 su pasión se traslada paulatinamente a la escritura de ficciones y ensayos, y a la pintura, creando obras de carácter más bien sombrío. En sus producciones literarias se destacan Sobre héroes y tumbas (1961), Abaddon el exterminador (1974) y El túnel. Es la última una magnífica novela dividida en 39 oscuros capítulos que narran la historia del pintor Juan Pablo Castel, quien cobra la vida de su amor y más grande obsesión: Maria Iribarne.
Esta fuerte crítica a la incomunicación humana establece lo que parece ser un fuerte vínculo entre el escritor y el narrador. Ambos pintores, Sábato y Castel, son incomprendidos a través de sus pinturas, si bien las críticas entierran a uno en la realidad y dan el cielo al otro en la ficción es notorio el rechazo de ambos hacia los críticos.
A través de su obra Castel conoce inintencionalmente a la joven María Iribarne. Mientras todo el público fija su mirada en las pinturas de una forma superficial, casi frívola, María es la única que se percata del verdadero significado de la obra, solo ella capta la esencia del pintor.
Así comienza el juego de seducción de esta perdida joven y es así también como el solitario pintor ve en ella el complemento de su lóbrega alma, y vuelve a Maria objeto de su adoración. La inconstancia en su relación cada vez exaspera más al impaciente arista, y el hecho de descubrir su comprometido estado civil lo turba gravemente.

“-Hay muchas maneras de amar y querer- respondió cansada-. Te imaginaras que ahora no puedo seguir queriendo a Allende como hace años, cuando nos casamos, de la misma manera-.”

La bigamia de Maria no es el único problema en la relación: también esta el carácter obsesivo del pintor, y cuando la bigamia se vuelve más bien una poligamia él se va volviendo pernicioso para la joven. Sus constantes visitas a la estancia, las corridas a la cama de su primo Hunter vuelven al solitario artista cada vez más desquiciado. María es el mar, él es un túnel. Ella es fluctuante, poderosa, fulminante. Pero también es independiente y solitaria. Muestra en ella rasgos de una larga vida en un joven cuerpo. Es incapaz de amar y esto la atormenta, va de un hombre a otro sin encontrar las satisfacciones del amor, aunque en Castel encuentra algo especial, alguien que comprende su atormentada alma, que puede salvarla. Pero a la vez, él también busca la contención de ella, ambos incomprendidos, bastos y solitarios viven sus cárceles y sus calvarios, buscando vanamente la ayuda del otro, encontrando solamente dolor.
Juan Pablo vive en un túnel, oscuro y sombrío, un hueco en el que a veces pueden verse vagas imágenes del otro lado. Su interlocutora es María, solo con ella las pétreas paredes se vuelven vidrio, pero la curiosidad de ella es limitada, no es capaz de comunicarse más que con el mar y es por eso que la libertad de ambos es imposible. Las chances de María se hunden en sus remordimientos, las de Castel, en obsesiones.
Al contrario de lo que muchos creen al analizar la obra, puedo decir que no hay una luz al fondo del túnel de Castel, solo paredes finas o paredes gruesas, solitarias imágenes de lo que se anhela y no se puede alcanzar. Pero por transparente que sea el vidrio, la luz se ve difusa a través del agua.
Tantos ricos momentos tiene esta obra. Cuando él pinta ese cuadro, esa imagen melancólica, esa muchacha nostálgica frente al mar, y María aparece para verse, tal vez por primera vez, verdaderamente revelada, solitaria, una sola con la inmensidad que la rodea. Las ficticias construcciones de Juan Pablo, momentos en los que pueda reencontrarse con su musa accidental, verla, o tan solo hablarle. Lo encuentros en las plazas de Buenos Aires, las cartas desesperadas de él, las perdidas y trises de ella. Las peleas en el taller, los esposos peculiares, petulantes amantes estancieros, las excusas del campo y los desbordes y excesos de Castel, como el alcohol y la dudosa compañía que lo llevan a trasladar todo el tormento de su alma a la mujer del mar, el océano que poco a poco fue desgastando las rocas de la bahía, algunas muertas, otras resignadas, hasta que una, la mas oscura, la mas intransigente, la mas sombría sale de su cárcel al filo de un cuchillo, solo para encerrarse en un calabozo aun mayor en el que el murmullo de la espuma de mar lo vuelve mas pétreo y atormentado que antes.

“Poniendo una mano izquierda sobre sus cabellos, le respondí:-Tengo que matarte, María. Me has dejado solo.- Entonces, llorando, le clave el cuchillo en el pecho.”

La desesperante novela se Sábato y su dedicado y ajustado uso del lenguaje hace que a través de Castel conozcamos una historia dentro de la otra, un relato enmarcado: por un lado, un hombre que esa en la cárcel, por otro, el mismo hombre y su obsesión que llevan aun al alma mas simple a reflexionar sobre nuestra relación con el entorno, la comunicación que tenemos con este y la realidad en que vivimos. La contemporaneidad con la que esta escrita la obra y lo familiares que pueden parecernos los lugares que describe nos llevan al siguiente, muy inquietante interrogante ¿Será el personaje de ficción el que vive en un túnel o seremos todos túneles aislados, unos con paredes más translúcidas que otros, pero túneles al fin?¿Estaremos juntos o es sólo una convicción, una inútil convicción nuestra?¿No seremos todos Allende, ciegos por no querer ver, convencidos de que ojos que no ven, corazón que no siente, conformados con nuestro rol aunque sea una farsa, una triste mentira de gente cristalizada, solitaria, en busca de un mar que nos de la convicción de que hay una luz al final del túnel pero en verdad, ya quedamos ciegos de no ver y nuestra visión de sombras nos ha consumido?¿Será Castel el del túnel o somos todos, y él es el único pájaro libre, que se liberó de sus paredes, que ya no tiene que engañarse porque sabe que al final del túnel hay solo una cosa: más túnel?

“...en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario, el mío”.

Concurso del centro cultural de Trelew, año 2006, Bajo el pseudónimo de Alejandra Vidal Olmos

martes, 12 de febrero de 2008

Caminata

Necesidad de hablar de la nueva persona que te interesa, necesidad que te sube por la piel, sobre todo por la de los hombros, por los poros que se marcan más en verano, y llega a la cabeza deteniéndose un segundo en el cerebro ante la culpa, la pre culpa por lo que estás a punto de ocacionarle a la persona parada a tu lado, pre culpa que se esfuma en un segundo al desalojar el cerebro y establecerse en la lengua, con sus papilas caliciformes, para luego salir en forma de una berborrea de palabras, muecas, gestos, movimientos de ojos, manos y cabeza que acompañan a un discurso muy variado en palabras, pero en el fondo monocromático, porque si nos pusieramos nosotros también a escuchar y trascribir con signos taquigráficos, para pasarlos en limpio y sacar ideas principales subrayándolas con celeste fluorescente, la conclusión sería que la persona que hae las veces de oyente ha dejado de escuchar y que sus propias conclusiones, acertadas completamente, refieren a las veinticinco primeras palabras que resumen de manera elegante, claro que a modo de introducción, el estado de la situación.

Así, ambos participantes pueden estar felices, uno al poder manifestar su desborde de alegría o total desconsuelo, el otro por poder quedar perféctamente bien mientras repasaba en silencio las conjugaciones de être y avoir, los personajes de hijitus, los personajes de s-club seven y, claro está, lo que dirá cuando le toque su turno de dar el discurso que llega desde las líneas entre las células de la epidermis.

Tenedor libre



El techo se extiende hasta una altura casi fuera del alcance del ojo humano regular. Las mesas arrinconadas y pegadas como ganado en verano con moscas al rededor , mientras en la cocina no se muge, más bien se tintinea y se gruñe.
El olor entre las mesas es neutro, salvo que alguno de los cercanos, muy cercanos vecinos vaya en busca de algún menjunje casi a punto de hervir, con jugos rojos y brillantes burbujas de aceite amarillento.
La iluminación es extrema, la decoración pedestre y la vajilla no da que hablar.
Pero lo que más llama mi atenciñon es la mesa de al lado. Pegada casi a nuestra mesa, a diez centímetros, hay una buena porción de madera con sus cuatro bienhechoras patas y los dos únicos -o eso creo- integrantes de una pareja. La vulgaridad de la mujer hace dificil diferenciarla de su acompañante masculino, sobre todo porque éste lleva el cabello largo. Confundido en un principio con una pícara broma, su lenguaje, de lo más agreste, es portado por una voz de conductor de camiones de mediana edad. Los sonidos que expulsa su desmaquillda pero no por eso limpia boca conforman todos juntos y unidos en coherente concordancia frases cortas tan inconexas pero continuadas que eliminan con certeza la posibilidad de un chascarrillo. Y es que el morfi que prepara el chabón que alimenta a esta servilleta de papel es elogiado no por el centro, sino por el costado de la cabidad bucal.
Viste de rojo, como no podía ser de otra forma con esa rubia y castigada cabellera, y está acompañada por otra cabellera igual que. absorto o espantado por el soliloquio de nuestra heroína, no emite sonido.
Estas cosas encontramos en el tenedor libre, pero no os asusteis que también hay gente de bien que defenderá las buenas costumbres y sobre todo la buena dicción y somos, entre todos, Pipi, Hernán, Oscar, Bruno, Mamá, Vir, Betina y quien les escribe, los cuales aparecen por primera vez en detallado relato, a excepción mía, que aparezco de alguna forma en todos ellos, y mi madre, que ocacionalmente nos visita.



Mar del plata, 28/01/08, 00:30 horas

lunes, 11 de febrero de 2008

El sifón de plástico de las Lolitas


Hay abuela no lo puedo creer, ¿no estás emocionada? yo la verdad que no lo puedo creer que me haya pasado esto, ¿no te emociona? Esto puede ser genial para mi carrera, si ya se que no empezé mi carrera pero ¿no te emociona? Puedo empezar a trabajar ahora, así de chica, e ir subiendo, y hacerme famosa, ¡famosa, abuela! Y encima me dijo que lo llame él, así nos aseguramos de que no me deje sin llamarme, ahora sabemos que no era mentira que si quería que trabaje para él, imaginate, yo trabajando de modelo, ¿te imaginás abuela? bueno imaginate, toda una produccion, yo bien vestida y maquillada, si pero más maquillada que ahora, lo de ahora es para salir a la calle abuela, si, para salir a la calle, ¿por qué? bueno, para que me vea gente así y me contrate, viene funcionando bien por ahora, ¿o no?, no, no me mires así abuela no ves que estoy contenta, ¿no estás contenta por tu nieti? ay abuela no lo puedo creer, mirá si me contratan para otra cosa, y otra, y otra y termino en la tele o an las revistas, mirá si me llaman de Para Ti, ¡Para Ti abuela! y a los 14 años, no lo puedo creer, ¡vas a tener una nieta famosa! Abuela escuchame bien, que capaz después te hagan preguntas sobre este día y te tenés que acordar bien. Fijate donde estamos, en el subte, aquella chica se ríe ¿estará escuchando? ojalá, así me comienza a conocer la gente, que nunca es temprano para empezar. Hay abuela estoy tan emocionada, ¿se nota mucho? ay no me importa, yo estoy bien así, ay ya quiero que sea la semana que viene, ¿cuánto falta para casa? ya quiero llamar... ay no, pero voy a esperar un poco, así parece que no estoy tan interesada... pero ¡que digo! apenas llego llamo, así se dan cuenta de que soy una chica comprometida y trabajadora, si apenas llego los llamo... o mejor espero? no quiero sonar muy desesperada, abuela no quiero parecer una nenita histerica, tengo que dar imagen de chica seria, si voy a esperar unas horas, o capaz...

Tan preocupada estaba en sus infinitamente menesterosas decisiones que no prestó atención a la calle al cruzar. ¿y ahora? Por el momento su cuerpo sirve de modelo de ataudes hasta que comience a descomponerse, de su alma aun no llegaron noticias a los tabloides. ¿y su abuela? ahora es viuda de alquiler en los funerales.
Triste, muy triste, pero, ¿no les hice un favor a todos?
O no, ay a ver... no, no se, capaz les hice un favor, capaz no, o capaz...

sábado, 12 de enero de 2008

Año nuevo

En año nuevo
liberada
y feliz

Pirámides

El living era un cementerio de botellas, todas asesinadas a la madrugada, peor no en vano: se llevaron a varios en el camino.
Las carpas estaban ladeadas y casi tan llenas de arena como la mesa, con su mezcla de arena y vodka. Una de las carpas había muerto con gente aun adentro, y fue el escándalo que provocaron el que hizo que uno a uno todos se fueran levantando, totalmente desmantelados.
Pero pudieron recordar al cobrador.
Se levantaron buscando desesperadamente algún recipiente con agua, agua y pastillas. Pero siguieron recordando al cobrador, con su talonario de colores.
Se ayudaron a salir de las carpas, se pasaron el agua y revisaron a los que no habían podido despertar aun, todo con la amenaza del cobrador en la nuca.
Al final, alguien dio el grito de salida: "¡El cobrador!", y bastó sólo eso para desatar el torbellino. Hombres y mujeres alborotados, vestidos como podían comenzaron a correr por el camino o a meterse en las carpas, aterrorizados. Algunos hasta osaron esconderse entre los tamariscos.
Se escucharon los pasos ingresando al campamento, pasos pesados del cobrador gordo caminando entre botella muertas, sillas tiradas , concervadoras llenas de hielo derretido y arena, arena por todas partes.
Avanzó decididamente hacia la carpa más grande, frente a la mayor necrópolis que había visto en su vida y luego, con infinito asco, observó la arena todavía mojada y llena de naipes españoles.
Dentro de las carpas, la gente contenía la respiración. El cobrador podía abrir la puerta en cualquier momento y cobrarles, cobrarles junto en ese último día.
Los que habían ido por el camino miraban de lejos, buscando a los secuases de aquel gordo que les había ocupado el campamento. Al rededor, todos los campamentos los imitaban en cadena, todos temerosos de sufrir la humillación de tener que pagar.
Pero los más osados, los de los tamariscos, no tenían miedo sino un plan.
Cuando el culo del envase le pegó en la sien, el cobrador no llegó a entender qué era lo que había pasado. Calló inmóvil sobre la carpa mayor y la dobló un poco antes de rodar al suelo. El charco de sangre que le salía de la cabeza se estaba mezclando con la arena y el vodka, formando una pasta oscura de lo más desagradable y viscosa.
Las chicas se impresionaron un poco, pero sabían que era lo mejor. Cada uno volvió a su carpa en silencio, a acomodar y digerir lo que había pasado. Cuando el cobrador colorado pasó y vio todo, no se atrevió a llamar a nadie, sabía de las ganas que tenían esos chicos de destruirlo a él también, sobre todo a él.
Terminaron de acomodar todo. Ahora pirámides era de ellos y ellos eran parte d pirámides, y sabían que, el año entrante, serían totalmente libres, sobre todo con ese talonario que les había quedado de trofeo.